ELUCUBRACIONES DE UN JOJUTLENSE

 

 

 

 

 

 

De cómo el Plan Jojutla desató a la loca de la casa

 

Desde que el sismo del 19 de septiembre nos cambiara la vida a oriundos, vecinos y visitantes de Jojutla, la verdad ya no sé qué tanto sueño dormido y qué tanto sueño en vigilia. Hace ya cinco meses que me veo rodeado de montones de escombro, casas y edificios que siguen cayendo, calles principales a corazón abierto para “reconstruir” lo que no se ve pero resulta esencial, también para alejar a todo mundo del centro y sus comercios por la pestilencia de los drenajes y porque es una aventura peligros caminar entre agujeros, piedras y alambradas. Nos cuentan que es un mal necesario y que después nos sentiremos muy agradecidos con la autoridad que todo lo hace por nuestro bien. Trato de pensar que esto debe ser cómo el Génesis pues del caos surgió el hermoso orden universal;  pero no me logro convencer del todo y la suspicacia no me deja dormir tranquilo. Veo a los niños dirigir sus pasos hacia sus escuelas reubicadas y equipadas con aulas provisionales y totalmente impropias para las altas temperaturas de esta región; bueno, algunos ni eso todavía. Se dice que los alumnos son atendidos de la mejor manera posible en espacios públicos, en horarios reducidos y poniendo a los padres a vigilarlos durante toda la jornada. Veo y escucho a un presidente municipal y regidores hechos bolas y atrapados en las emociones y en sus ganas de llorar, tantas veces contenidas. Siento todavía la buena voluntad de los brigadistas y de las fundaciones que han brindado importantes apoyos de todo tipo y creo que nuestros agradecimientos son pocos para tanta generosidad. Pese a todo lo bueno, algo no cuadra con el futuro promisorio que me quieren vender.

Jojutla ha sido descrita como zona de desastre con las características de un escenario de guerra como el que nos muestran en Irak o en Siria. El daño material afectó a más de dos mil construcciones, pero tal vez lo peor sea algo más invisible. La gente está angustiada por las necesidades insatisfechas, la falta de empleo, la carencia de una vivienda decorosa, pero también afectada por  el desajuste de las relaciones humanas a partir de los conflictos generados por las propiedades intestadas, por la competencia y el acaparamiento de la ayuda externa, por el miedo ya instalado para siempre por los constantes temblores y temblorcitos, por la ganas de encontrar a un Salvador entre tanto funcionario federal, estatal y municipal que con casco y chalequito de tiras deslumbrantes se mueven por todos lados aparentando estar al pendiente de todo. El gobernador con sus frecuentes visitas viene y arropa a los creyentes; los secretarios, directores, regidores y etcéteras están siempre listos para salir en las fotos con los zapatos llenos de polvo y la cara de asoleados, todos ellos forman un Ejército de Salvación que solamente necesita el asentimiento de la población, un dejarse llevar para que ellos puedan aplicar todo su poder –con ayudita de la iniciativa privada por supuesto- en beneficio de los damnificados y de todos los que aquí nos tocó sufrir.

Me siento en una banca de la Alameda y desde aquí veo a una multitud compuesta por empleados del Ayuntamiento, funcionarios estatales, señoras y señores del Consejo Consultivo Ciudadano al frente, algunos ciudadanos de a pie con cartelitos de agradecimiento. Presiden funcionarios del Instituto del Fondo Nacional del la Vivienda para los Trabajadores, su presidente, su directora, el gobernador con su traductora a señas o lenguaje para sordomudos, el presidente municipal por supuesto con su típico y juvenil peinado. Se trata de la presentación del Plan Jojutla, el anuncio de una inversión de 200 millones de pesos para construir nuevas instalaciones en espacios públicos, una escuela, un templo religioso, un puente, en fin hasta sumar 11 proyectos que harán surgir al Nuevo Jojutla. Con maquetas se muestra el aspecto de un Jojutla refundado, no reconstruido sino vuelto a construir como le gusta decir al gobernador. El presidente municipal se luce con un discurso con el que reparte agradecimientos a diestra y siniestra, incluso dobleteando la dosis. Repite la palabra “gracias” unas veinte veces en cinco minutos de discurso. Lo mismo empieza con Dios, luego Penchyna, director del Infonavit, al gobernador, a un senador, al presidente de la Fundación Hogares y hasta llegar con los empleados del Ayuntamiento y organizaciones que se colaron. Me quedo asombrado por la revelación que hace el presidente municipal cuando declara: “siempre he pensado y dicho desde ese momento  que ninguno de los que estamos aquí presentes somos responsables de lo que ocurrió el 19 de septiembre”. Mi cabeza queda girando con la duda de si la Interpol ya estará buscando a esos responsables, porque esto no se puede quedar así.

Ponchito, como le gusta que le llamen a Alfonso de Jesús Sotelo Martínez,  estuvo a punto de hacerme entrar en el éxtasis de las emociones cuando enlistó y agradeció a tanto funcionario que trabaja por nosotros. Casi me conmueve saber que el hijo del ex presidente Zedillo, el arquitecto Carlos Zedillo está con nosotros dirigiendo los proyectos del Infonavit, “mostrando su compromiso con Jojutla, su convicción y sus ganas de servir a la  gente”; se me ocurre que eso lo aprendió de su papá. Siento agua en los ojos cuando Ponchito se dirige a Cristina Rubio, directora de la Fundación Hogares, para decirle: “muchas gracias Cristina, por tu compromiso con Jojutla, por estar aquí, por desvelarte, por llorar con nosotros”. Ella desvelándose y llorando por nosotros mientras dormíamos plácidamente en los albergues o en nuestras cómodas viviendas. No hay por qué sentirse desamparados porque ni los sismos, los huracanes o los tsunamis nos podrán hacer nada con un  apoyo de ese tamaño.

El presidente municipal no para ahí pues sigue con el llamado a “ir más allá de cualquier ideología política” y a “trabajar de la mano y generar un consenso a favor de la gente de Jojutla”. Me confunde con esas palabras porque su decreto de desaparición de las ideologías políticas me conmueve y pienso que de lo malo del sismo algo bueno nos tocó. Me imagino que la conclusión de esta sabia apreciación podría ser: Ponchito reelección, reelección, reelección; bueno, también podemos cambiar reelección por diputación. Bombo y platillo para presentar unas casitas de cartón coincidentemente en tiempos electorales, suena a mucho ruido sin tener las nueces. Y es que el síndrome del Gansito afectó a Ponchito cuando pidió que se recuerde, no a esta administración ¿eh? porque nunca faltan los mal pensados; no, él quiere que se recuerde a este grupo de ciudadanos -¿cuáles pues?- como “la generación que generó la reconstrucción y la construcción del Nuevo Jojutla”. A estas alturas ya casi no puedo contener el grito: ¡Graco presidente! ¡Graco presidente!, ¡Hortencia amiga, Jojutla te da la vida!

Para despejarme de tanto mal rollo me pongo a revisar las maquetas y me deslumbra el trabajo de los arquitectos dirigidos por Carlos Zedillo. Me veo en medio de un Jojutla moderno y con una imagen que no reconozco. Un entramado de arcos y estructuras de aspecto dinámico y acogedor me introducen a lo que se promete será la nueva explanada municipal; leo que se respeta la memoria histórica y el origen y ubicación de las anteriores construcciones con las nuevas de un modo que rima consistentemente. No sé si se quiso representar la apariencia de las haciendas o dónde está la memoria histórica. Lo cierto es que me parece un cambiazo que requerirá que a visitantes y paisanos fuera del terruño se les envié un croquis para que no se pierdan o piensen que llegaron a otra parte del país. Un templo derrumbado en la colonia Zapata será sustituido por una pequeña nave espacial con plataforma de lanzamiento y todo a punto de despegar, espero que la inspiración celeste de Ponchito no haya sido la causa; me reclamo a mí mismo porque tal vez no sé apreciar tamaño arte. El llamado “Puente de los Suspiros” se ultramodernizará con terrazas en ambos lados del río, aunque no se aclara si será para bajar a pescar o a nadar. En la Alameda se demolerá una arcada ya típica de este espacio; también se sustituirá la techumbre por una estructura de arcos súper moderna. A los provincianos nos duele demoler lo que es útil todavía y qué tanto costó al erario público. Pero no se diga más, son decisiones de los expertos encabezados por Zedillo aunque digan que participaron muchos, entre ellos el Consejo Consultivo Ciudadano de Ponchito, ciudadanos no tan comunes como los demás y que vaya usted a saber cómo los nombran. Una especie de nostalgia me queda porque siento que manos extrañas –seguramente con buena voluntad- nos han venido a cambiar la fachada de Jojutla –por lo pronto en maquetas- al estilo modernista tipo centros comerciales. No sé si algún día tendremos que buscar al responsable de cambiarnos la identidad arquitectónica de tal manera.

Yo no puedo lanzar tantas gracias anticipadas como el presidente municipal, tampoco quiero involucrar a Dios con sus bendiciones para Jojutla porque está muy ocupado con los demonios que se le han soltado para provocar más y más temblores. Mejor me quedo pensando cómo podría construirse el nuevo Jojutla de la participación ciudadana, crítica e independiente de los malabares de políticos trasnochados.

JOSÉ LUIS FIGUEROA GONZÁLEZ

19 DE FEBRERO DE 2018.