S19-17, UN AÑO DE DESASOSIEGOS E INCERTIDUMBRES

 

El problema de la organización social para atender nuestras propias necesidades

 

Al cumplirse un año del sismo que derribó gran parte de la ciudad de Jojutla, Morelos, hay quienes proponen conmemorar con actividades artísticas para llevarle esparcimiento a la comunidad. Casi en un plan de festejo, le llaman “Festival de la Solidaridad” al hecho de convocar a la gente para que se reúna a escuchar canciones, a paladear bocadillos de una muestra gastronómica y a lo sumo  enterarse de qué hacer en caso de sismo. Por supuesto, se debe reconocer el entusiasmo de los organizadores pero la fecha es más propicia para la reflexión, para resguardar y resaltar la memoria que nos ayude a aprender de las desgracias, para hacer un recuento de lo realizado y lo pendiente en el afán de levantarse, para replantearse los fines y procedimientos que sirvan para rescatar lo rescatable y resurgir sin los vicios y las ventajas de los de siempre.  Como en muchas partes, en Jojutla el sismo fue motivo de grandes muestras de solidaridad  de propios y extraños pero también fue motivo de ganancia de pescadores. Ya lo advertíamos desde los primeros días de la desgracia acerca del proceder electorero del gobernador, de los diputados y de los aspirantes locales a un puesto de elección popular. Todo se ha confirmado y nuevamente sabemos quién es quién  cuando se ganan o se pierden las elecciones. Los constantes recorridos de Graco Ramírez y su séquito por la zona de desastre, la visita exprés de Peña Nieto, las promesas de reconstrucción expedita, el nacimiento de un nuevo Jojutla, los afanes y solidaridad virtual de los candidatos a la presidencia municipal, todo se borró con los relámpagos del primero de julio y sus efectos quedaron en la situación de desasosiegos e incertidumbres para las familias de los que no han recuperado su vivienda, su trabajo o el simple derecho de pasar por las calles sin riesgos y con tranquilidad.

 

Es verdad que la magnitud del siniestro no permitía suponer una sencilla y rápida recuperación, pero también es verdad que el proceder de varias figuras públicas y anónimas han complicado las cosas bajo el argumento de pretender el bienestar de todos. La función de los gobiernos ante el desastre natural fue superada ampliamente y de esto no habría que asombrarse si las mejores intenciones hubieran estado por delante. En lugar de asumirse como promotores de la organización ciudadana para la autogestión, se prefirió el modelo tradicional del paternalismo, por cierto muy a tono con el proceso electoral. La ayuda desinteresada sí llegó pero vino principalmente de los brigadistas procedentes de varios estados de la república y diversos países. Esto ocurrió principalmente durante los primeros momentos de necesidad mediante la ayuda en el rescate de personas, de algunos bienes familiares, con la donación de tiendas de campaña, ropa, atención médica y con despensas. Esa es la parte valiosa que nunca se olvidará y a la que debemos ofrecer eterno agradecimiento. Sin embargo, ese apoyo no podía ser permanente y pronto empezaron a mostrarse los efectos perniciosos, típicos en casos de desastre pero hasta cierto punto evitables si se actuará con la buena conciencia del bien común.

 

Del desorden en la entrega de despensas y los dispendios derivados de quienes pudieron abusar, hasta los “errores” del Fondo Nacional de Desastres que censó de modo que salieron beneficiados algunos que no tuvieron daños e ignorados otros que tuvieron pérdida total de su patrimonio; de la peccata minuta a la falta mayor, todo resultó entreverado en las formas acostumbradas por la conveniencia de hacer depender a los ciudadanos de un poder central que todo lo puede y todo lo decide. El ciudadano común fue destinado a pedir y esperar la ayuda mientras cuestiones como el manejo de los donativos en dinero y en especie los manejaba papá gobierno. A la fecha predomina la opacidad en el destino de fondos y ayudas nacionales e internacionales y son razonables las sospechas de que buena parte tuvieron un uso electoral. Tanta alharaca por reconstruir a Jojutla de parte de los que perdieron las elecciones locales ha venido a nada porque su entusiasmo se acabó en los primeros días de julio pasado. ¿Qué se hizo de tanta candidata y candidato que quería servir a Jojutla? ¿No es descaro decir que aman a Jojutla los que sin “hueso” no saben hacer valer su palabra? ¿Para qué sirve el protagonismo de un presidente municipal electo que se hace el aparecido en los reclamos por la reconstrucción de escuelas y en las zonas de inundación solamente para decir que él inicia sus funciones en enero de 2019? Además de intentar imitar el hiperactivismo de AMLO podría ponerse a diseñar su plan de reconstrucción y desarrollo para someterlo a la consideración pública.

 

En todo esto los ciudadanos en general tampoco nos quedamos atrás si se trata de ver por sí mismos y dejar para después el interés social. La remodelación del centro de la ciudad va muy lenta pero ya se empiezan a notar algunos cambios de imagen aunque sea a criterio de quien sabe qué arquitectos que vinieron a implantar su concepto de urbanismo moderno. Se han ampliado banquetas para mejorar el tránsito peatonal, pero prontos  varios comerciantes ya empiezan a invadir esos espacios públicos con sus mercancías; bajo el supuesto de “reactivar” la economía ahora proliferan los comercios con sendos aparatos de sonido de alta potencia que desmesuradamente aturden a los peatones con música banda y voces de merolicos, la basura se acumula por todas partes dando un aspecto grotesco a la calle principal recién acondicionada. Con todo, la gente viene y va por la avenida central apresurándose a estrenar lo que poco a poco va renaciendo. Curiosos nos asomamos por los agujeros en los plásticos que cubren a la explanada principal y al Jardín “Ricardo Sánchez” para tratar de entender qué son esos pilotes de cemento que se están clavando y cómo para qué van a servir. Tanto desasosiego requiere salir a bajar la ansiedad al menos caminando por el piso estampado imitación baldosas.

 

Mientras tanto a Graco Ramírez ya no le interesa saber de Jojutla y sus calamidades y ya tiró la toalla antes de tiempo. Ocupado en desahogar su berrinche por no haber colocado a su hijastro como gobernador, a días de dejar el puesto nada le interesa y si puede hacer algo para estropearle la vida a los que siguen seguro lo hará; nos quedamos con la incongruencia de un dato de reconstrucción calculada en un 75% pero que no coincide con lo que se tiene a vistas. Lo acompañan diputados de la anterior legislatura que ya no resienten lo duro sino lo tupido de tanto repudio social a sus transas para beneficiarse entre ellos y amigos que los siguen. Y entre el río revuelto la iniciativa privada “demostrando” su labor “samaritana” en la entrega de escuelas reconstruidas desde los cimientos, enfocada en la construcción de la nueva imagen de Jojutla y aparentemente avanzando más que los mismos gobiernos, desde lo municipal hasta el nivel federal. Para alegrar la vida de los niños enfermos, bueno así se anuncia, se nos viene una pequeña Disneylandia, castillitos y juegos mecánicos para distraer a chicos y grandes. Las relaciones públicas de las empresas saldrán beneficiadas, los negocios se volverán más prósperos pero el sistema de acumulación de la riqueza permanecerá incólume. Los gobiernos seguirán en sus divagaciones convenencieras y retrocediendo, retrocediendo en su responsabilidad de procurar el bienestar social.

 

En el marco de estos “avances” la zozobra continúa por el riesgo de demoliciones pendientes, el sombrío panorama de escombros sin remover y los lúgubres lotes baldíos, viviendas sin reconstruir, el triste y polvoso perfil de las tiendas de campaña que todavía se están utilizando como refugios, pero eso sí bombo y platillo para presumir la inversión de millones de pesos en la remodelación de jardines públicos y auditorios que todavía eran útiles. Son los contrastes que resultan de una desorganización social a modo de intereses minoritarios. Si nos demolieron la fuente “Beatriz” para imponer un estilo extraño de área de esparcimiento, si a las construcciones históricas dañadas por el sismo ni quien les haga caso, qué le espera al ciudadano común y corriente. Pero entre esperar, esperar y esperar algo podrá hacerse para reencauzar los planes y acciones que nos deparen un mejor destino.

 

Podríamos empezar por identificar las actitudes ciudadanas predominantes en estos tiempos de incertidumbres y necesidades. Comparemos la actitud solidaria de quienes vinieron de cerca y de muy lejos para brindar ayuda, con la actitud nuestra de pedir y acaparar la ayuda venga de donde venga. No nos deberíamos sentir bien siendo poco o nada solidarios entre nosotros mismos. Algo nos debería decir el hecho de que algunos reconstruyeron y construyeron más y mejor gracias a su poder económico y no dejarnos ir con la idea de que estamos igual de necesitados. Bien nos haría dejar de poner todas nuestras apuestas a que llegará el nuevo salvador el primero de diciembre próximo o que los morenos en el poder ahora si nos harán toda la justicia que nos debe la vida. Podríamos empezar por el acto sencillo de dejar de tirar basura en todas partes proponiéndonos llevar a cabo un programa de separación y reciclaje de los desechos, junto con el nuevo gobierno municipal. Tal vez quisiéramos seguir reclamando airadamente para ser atendidos en todos nuestros reclamos, a la vez que nos empezamos a mostrar dispuestos a organizarnos por calle, por barrio, colonia y municipio de manera autogestionaria.

 

No es con censos y censos de damnificados cómo se podrán resolver los problemas derivados del sismo porque esto significa que cada censo es una tomadura de pelo si se admite que los datos se pierden o no son confiables. Las adversidades que nos presenta la naturaleza son más o menos previsibles pero nos toman desprevenidos cuando agregamos desidia o displicencia. La composición social de Jojutla ha sido tradicionalmente renuente a la organización social desde los núcleos de familia y de barrio o colonia para prevenir el mal mayor derivado de la acción natural de sismos, lluvias o trombas. Ha predominado el interés individual y comercial por encima del interés social y eso ha llevado a que nadie o casi nadie, se ocupe de tareas de bienestar común dejando todo en la consideración de que es función exclusiva del gobierno. Así, el Ayuntamiento en funciones trata de hacer algo para evitar mayores daños por las lluvias y sólo atina a hacer un llamado a que todo mundo salga a desazolvar  canales de riego y a colocar costales de arena para evitar inundaciones; lo hace por facebook y seguramente recibirá muchos likes y nula respuesta concreta.

 

Un año de desasosiegos e incertidumbres se podrá prolongar en varios años más si no atinamos a hacer otra cosa que esperar ayuda y reclamar que funcione mejor un gobierno que ha dado suficientes muestras de haber extraviado el camino desde hace mucho tiempo. Habrá un sector de nuestra sociedad menos preocupado porque ha podido ir sorteando los perjuicios derivados del sismo S19-17, se nota su recuperación; el problema reside en el precario modo de vida de las familias más desprotegidas que sin una vivienda digna, sin empleo o de ingreso insuficiente, los niños que acuden a las escuelas en condiciones deplorables e incluso sin alimento, las madres de familia que viven en la desesperación cotidiana por no contar con lo mínimo para atender a sus hijos. Tiempo de reflexión y de reconstruir mentalmente qué es lo sucedido durante este año y cómo podemos aprender a vivir un poco mejor cada día. Tiempo de agradecer la hermandad de los anónimos benefactores que desinteresadamente nos sostuvieron cuando caímos. Tiempo para darnos la oportunidad de volver a empezar a ser como nosotros merecemos y queremos ser.

 

JOSÉ LUIS FIGUEROA GONZÁLEZ

19 SEPTIEMBRE 2018.