LA RISA DE JUAN GUAIDÓ

 

 

 

¿De qué se ríe?

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

MARIO BENEDETTI

 

 

A tres semanas de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela, la derecha de su país, Donald Trump y los gobernantes del Grupo de Lima, la Unión Europea y otros que lo han reconocido ya deben empezar a darse cuenta que en sus obsesiones por derrocar a Nicolás Maduro han cometido varias imprudencias. Una de tantas se hizo evidente a través de la reciente entrevista que RT le hizo al flamante “presidente” de Venezuela (“EXCLUSIVA: El líder opositor venezolano Juan Guaidó concede una entrevista a RT” RT en español), en la cual quedó al desnudo la inseguridad que le produce encontrarse al centro de un huracán fabricado por los que él considera sus aliados. La fortaleza que le ofertan los miles de manifestantes que salen a las calles de Caracas para lanzarlo a la aventura de promover la intervención extranjera con los riesgos reales de una guerra civil prolongada, no le sirve  de mucho a Guaidó al momento de verse en la necesidad de presentar argumentos y respuestas convincentes sobre actos que siguen el guion de la manipulación mediática, los intereses del predominio unipolar de Estados Unidos y la falacia de que los venezolanos no son capaces de autogobernarse. A Juan Guaidó le gana la risa para tratar de ocultar su nerviosismo y su carencia de elementos argumentativos de peso. Gesticula exageradamente tratando de aplicar a su voz y a su comunicación no verbal la fuerza que no encuentra por su falta de razones y por su caída libre en la desfachatez, en las contradicciones y en las mentiras. Nervios de acero -dice Maduro- se requieren para librar estos momentos de tensión y peligros terribles para la población venezolana; perfil de estadista que no se le ve por ningún lado al hombre de la sonrisa nerviosa, puesto de sopetón al frente de un conflicto del que no parece ser suficientemente consciente.

 

Si el día de hoy quisiéramos hacer una radiografía política del mundo para conocer las tendencias de los gobiernos, la tarea se simplifica haciendo un listado de qué gobiernos apoyan a Juan Guaidó, cuáles ratifican el reconocimiento a Nicolás Maduro y los otros que se hacen disimulados. Así las cosas, da temor saber que en América Latina el alineamiento con Estados unidos es casi igual al que se veía en tiempos de la guerra fría; provoca prurito la vocación “democrática” de los gobiernos europeos que se atreven a poner plazos para elecciones presidenciales en Venezuela sin tomar cartas en serio sobre lo que ocurre en las calles de París o con los reclamos ciudadanos en Madrid y otros tantos líos sin resolver en sus propios territorios. En cambio, la prudente posición de la cancillería mexicana nos habla de que los principios constitucionales de no intervención y el derecho a la autodeterminación, no están para aplicarse a conveniencia o poniendo por delante las simpatías ideológicas como las que no resisten en expresar los panistas y demás grupos fifís que se atreven a dibujar un escenario catastrófico para México, que para ellos ahora está en manos de un presidente emulador de Nicolás Maduro.

 

La situación venezolana sólo se puede comprender revisando la historia de este país dentro del contexto regional e internacional. A diferencia de Juan Guaidó que afirma que las sanciones económicas que mantienen en crisis a los venezolanos empezaron “hace una semana” y que únicamente se aplican para castigar a funcionarios corruptos, los demás debemos recordar que el bloqueo comercial y de cuentas bancarias lleva años y que las consecuencias inevitablemente llegan a los hogares en forma de escasez que mañosamente se atribuye a la ineficiencia del gobierno. Por supuesto, no se necesita entrar en defensa del chavismo para descalificar a Guaidó, él se encarga muy bien de hacerlo a través de sus pobres respuestas en la entrevista de referencia y de su expresión no verbal que proyecta la sensación de tener enfrente a una máscara. Lo extraño es que muchos venezolanos no se quieran dar cuenta de que se han puesto en la mira de una desgracia indescriptible encabezados por un personaje inseguro, falso y que presume gestos que rayan en el cinismo. Es propio de un cínico afirmar que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó un resolutivo que apoya su autoproclamación cuando todos sabemos que dicho organismo quedó dividido en la última reunión porque varios países rechazaron la postura injerencista de Estados Unidos. Es de un cinismo temerario declarar que no le teme a una guerra civil en Venezuela. Es manipulador abogar por una “ayuda humanitaria” que no ha sido solicitada y que resulta ridícula comparada con la retención de fondos venezolanos. Es una contradicción absurda apelar a un artículo constitucional para intentar justificar la proclamación y al mismo tiempo evadir lo concerniente al llamado a elecciones, en el supuesto caso de que estuviera en condiciones de hacerlo. Donald Trump y sus halcones ya deben estar buscando al sustituto de Juan Guaidó porque sencillamente con su falsa sonrisa, sus movimientos nerviosos de manos, sus gesticulaciones y su falta de discurso no está haciendo el papel que le encomendaron y deja mal parados a los gobiernos que lo respaldan. Favor que le hicieron a Maduro colocándole como enemigo a un sujeto con nervios de chocolate.

 

Ahora bien, las implicaciones del conflicto venezolano pueden parecernos lejanas y tal vez nos sintamos cómodos y ocupados en el seguimiento al inicio de un nuevo gobierno en México que poco a poco nos va revelando que hay mucho más de lo que pensábamos detrás de las crisis que provocó el neoliberalismo durante más de treinta años. Igual que en Venezuela, los conservadores están pendientes y al acecho de ver cómo deshacer lo que se vaya haciendo a favor de la población. No empezaba a gobernar AMLO y ya lo acusaban de autoritario, la cancelación del aeropuerto de Texcoco es una pastilla que no se acaban de pasar los que se acostumbraron a ser los ganones de siempre, el robo de combustible se resiste a cesar porque representaba ganancias que nadie se imaginaba, las consultas siguen sin apetecerles a los que estaban acostumbrados a las decisiones cupulares e indiscutibles. Pues eso, y lo  que sigue, es más o menos lo que disgustó tanto a la derecha venezolana que ahora encabeza Juan Guaidó. Esto significa que el contexto internacional debe tomarse en cuenta para comprender lo que ocurre en nuestro propio territorio. El retroceso en Brasil con la elección de un presidente de extrema derecha después de años de gobiernos progresistas, los cambios en Argentina y en otros países de la región donde parece que se acaba la esperanza para ser sustituida por el retorno al infierno, son expectativas que no pueden dejar de considerarse en un escenario tan promisorio actualmente en México.

 

Si Venezuela es intervenida en el plano militar, como lo pide Guaidó, hay que poner las barbas a remojar porque entonces seremos lanzados a los tiempos de Pinochet, Videla y tantos más de horripilante memoria. Por supuesto que los tiempos cambian y ahora no será tan sencillo porque las guerras comerciales entre potencias están respaldadas por el poder armamentista que ya no es unipolar. Quedamos en medio los pueblos de bajo y medio desarrollo, pero obligados de cualquier forma a defender el derecho a la autodeterminación y el respeto a la Carta de las Naciones Unidas. Niños y jóvenes deberían ser orientados por sus profesores para conocer la realidad actual de modo que se pueden construir un criterio fundamentado que les permita actuar de la mejor manera cuando les corresponda la función de ciudadanos.

 

Nunca estará de más prevenirnos contra la insensatez y la emotividad desbordada por el odio que es capaz de obnubilar la mente con la mentira, el egoísmo, la codicia, la violencia. No perder de vista que históricamente las fuerzas políticas pueden conciliar, pero también mantienen sus contradicciones a la espera de oportunidades para desplazar al otro. No ignorar los antagonismos irreconciliables y a la vez que se reclama la paz estar dispuesto a hacer lo necesario para mantenerla. Hagamos votos de conciencia y de acciones posibles a favor del reencuentro de la sociedad venezolana y preparémonos a entender y actuar en nuestra propia realidad. Mientras tanto, sería bueno que una pregunta persiguiera al señor Guaidó por todas partes y en todo momento: ¿De qué se ríe, de qué se ríe?

 

JOSELUIS FIGUEROA GONZÁLEZ

11 DE FEBRERO DE 2019.